Soy una de esas personas que difícilmente acude al medico, no tengo nada personal en contra de ellos, es más en muchas ocasiones he tenido la suerte de dar con gente majisisma. Mi “odio” hacia ellos tiene una parte racional y otra totalmente irracional.

Empiezo por la irracional que es la mas absurda como te podrás imaginar, y es que el simple hecho de saber que he de acudir al medico me causa dolor de cabeza, me pongo nervioso y se me sube la tensión sanguínea…, enserio, si me toman la tensión esta “por las nubes” 8 de cada 10 veces y si me explican algo en cuanto salgo por la puerta ya no recuerdo la mitad de las cosas, algunos de ellos me han dicho bromeando que tengo el “síndrome de la bata blanca” y pienso que tienen más razón de la que ellos mismos creen.

Aparte de mi nerviosismo irracional he de decir que ellos también tienen parte de culpa, te mandan a pruebas medicas que pueden ser tediosas, largas, y dolorosas o los tres adjetivos juntos, y parece que disfrutan, bromean y ¡¡¡¡¡te SONRIEN!!!!, joder pon cara de pena o algo que me estas enviado al matadero…

Bromas aparte la principal razón por la que odio acudir al medico es por como me hacen perder el tiempo. El tiempo siempre es valioso, ya sea para estudiar, para trabajar, para estar con tus seres queridos, o simplemente para tocarte los h……, no me gusta que dispongan de mi tiempo inútilmente. Se perfectamente que he de esperar, que cada paciente lleva su tiempo y que a mi también me gusta que me atiendan bien, pero no entiendo por ejemplo que llegue un niño desmayándose de fiebre a la sala de espera y que no se le de prioridad, o que se le de prioridad a “Fulanito” porque la enfermera lo conoce aunque tu lleves 2 horas allí parado, y ya lo más es cuando llevas horas esperando y el medico sin mediar palabra se va, si si, se va, ¿a donde? Eso no lo se, lo que si se es que me dijeron “lo siento el medico se ha ido… pero no pasa nada te damos cita para mañana”. ¿!Que no pasa nada¡? Vamos hombre, claro que pasa, he perdido todo el día aquí, he pedido permiso en el trabajo y ahora tendré que ir con toda mi cara a explicarles que ese día que no he ido a trabajar no me ha servido para nada, que tengo que volver mañana. Lo peor de esto es que si es importante tienes que volver, reclamas, te acuerdas de la madre de todos, pero tienes que volver.

Luego también tenemos al medico prepotente, que es capaz de mandar sin mirar a un niño a su casa, cuando este tenia el labio superior partido, o el que atañe los dolores de rodillas a “el crecimiento”, señora tengo 26 años poco voy a crecer si no es para los lados, y claro luego resulta que tienes una lesión crónica porque no se trato a tiempo.

Con todas estás experiencia quiero hacer hincapié en que la vocación en un trabajo siempre se nota, da igual que seas medico, carpintero o programador, cuando realmente sientes algo lo haces bien. Si sientes vocación por algo aprenderás a diario sin esfuerzo y mejoraras en ese campo sin darte cuenta, y los que están a tu alrededor disfrutaran de tu bien hacer.

Muchas generaciones hemos crecido con las ideas poco claras, a diario se les pregunta a los niños que quieren ser de mayor, pero luego son influenciados y se les guía hacia profesiones donde se gane más dinero, se les promete una vida de lujos, que en raras ocasiones llega y ellos hacen propias las ideas de otros. Así llegamos a las frustraciones de miles de universitarios actuales, se les prometio un futuro que no llega. Si ahora mismo alguien indeciso me preguntara que opino de “x” profesión a razón de estudiarla, solo podría decirle que no estudie ni haga nada llevándose por la opinión de otros, nadie quiere por ejemplo médicos sin vocación, nadie quiere profesionales mediocres que no aman su trabajo.