Supongo que ha todos nos pasa en algún momento, nos marcamos unas metas, altas o bajas es lo de menos, pero pasa el tiempo y vemos como unas se cumplen y otras no, nada nuevo en el horizonte. El problema viene cuando nos defraudamos a nosotros mismos, bueno, es mi problema para ser mas concreto…

Creo que soy una persona muy exigente, quiero las cosas para ayer, estoy dispuesto a darlo todo y a esforzarme de la mejor forma posible, pero en esta vida no todo sale como esperas. Cuando veo que pasa el tiempo y no he conseguido mi meta me siento como un autentico estúpido, ¿Para que demonios me esfuerzo? Si nada sale como espero. Se que el máximo culpable soy yo, podría organizarme mejor, podría establecer prioridades de forma mas ambiciosa, etc…

Fallo principalmente en que idealizo los resultados, tienen que ser “así” y me cuesta darlos por bueno cuando se desvían de lo que tenia en mi mente. Voy aprendiendo, no existe el blanco y el negro, si no una amplia gama de matices. Hasta ahora no creo que haya perdido el tiempo, para nada, todo en esta vida nos enseña algo, me equivocado muchas veces ciertamente, pero cada una de esas equivocaciones me han aportado algo hasta llegar a lo que hoy soy.

Mi lección más reciente y la más difícil de asimilar, es que he de tomarme la vida con calma, pero sin perder el ritmo, es mejor mantener un ritmo continuo al caminar, sin obsesionarnos con el cuando llegaremos, que marcarnos un sprint y parar resoplando a mitad del camino. Si las cosas no salen como esperas no pasa nada, se sigue adelante aprovechando el desvío para mejorar y llegar al destino mejor preparado, quien sabe, al llegar puede ser que veas que ese reto te sabe a poco.

Ojala sea capaz de aprender y asimilar esta lección, estoy seguro que me ahorrará muchas decepciones y dolores de cabeza.